sábado, 28 de febrero de 2015

MARIAN IZAGUIRRE: La vida azotada por el viento

La vida azotada por el viento

La pasión, el abandono y el perdón marcan ‘Los pasos que nos separan’, nueva novela de Marian Izaguirre ambientada en la convulsa Trieste de los años 20


La escritora Marian Izaguirre, en el tranvía de la plaza Oberdan, en Trieste, el mismo que toman los protagonistas de su novela 'Los pasos que nos separan'. / MARTA CALVO
Stendhal retrató la poliédrica Trieste a partir de los dos vientos que la azotan: el glacial y nórdico bora y el sureño y mediterráneo siroco. Esa ciudad aún hoy tan italiana como austríaca, latina y eslava, gigante en su pequeñez (84 kilómetros cuadrados; apenas 208.000 habitantes), rica a dos palmos de la pobreza, misteriosa tierra fértil de escritores nativos (Svevo, Magris…) y de adopción (Rilke, Joyce…) era el escenario natural para encajar esos otros vientos que azotan al ser humano: la culpa y la renuncia, la pasión y el perdón, el abandono y la solidaridad, el amor y la barbarie. A esa intemperie moral somete sus personajes la escritora Marian Izaguirre (Bilbao, 1951) en su octava novela, Los pasos que nos separan (Lumen), que se acerca ya a los 10.000 ejemplares vendidos.
Un barcelonés de 21 años, Salvador, aprendiz en el taller de un escultor simpatizante de la fastuosa escenografía prefascista que el poeta militar Gabriele d’Annunzio impone hasta la entonces multirracial ciudad, se enamorará de Edita, una joven eslovena criada en Zagreb de 25 años casada y con un bebé, Jana, que oscilará entre el amor de madre, el de esposa y el de amante. Más de medio siglo después, desde la Barcelona de los 70, ya muy anciano, Salvador regresará a Trieste para zanjar un pasado hiriente llevando como chófer a una veinteañera camino de destrozar también su vida.
La vida suele ser más complicaciones que otra cosa y de las que nos podemos arrepentir;  los errores te persiguen a lo largo de la vida y es cansado cargar con ello

El abismo queda, muchas veces, a apenas unos pasos. “Quizá la gente no habla de ello pero la vida suele ser más complicaciones que otra cosa y de las que nos podemos arrepentir; lo único exigible es tener la decencia personal de mostrarlo y no mentir; los errores te persiguen a lo largo de la vida y es cansado cargar con ello”, resume la escritora hablando en la ciudad italiana, por suerte con poco viento, de unos sentimientos de culpa y renuncia que no están hoy para nada en boga.
La empatía no es nueva en la autora de obras como la predecesora y celebrada La vida cuando era nuestra (ocho países, más de 12.000 ejemplares), una actitud que defiende con una postura personal comprometida (“tus problemas no son más lejanos que los míos”) y una constatación supletoria pero también definitiva: “Ni los sentimientos, ni las personas, tienen bordes precisos”. Definición que a lo mejor permite al lector salvar la figura de Salvador, joven con aristas canallescas que luego busca el perdón, y entender la decisión de Edita. “La gente tiene derecho a decidir y a equivocarse. ¿De verdad podemos juzgar y condenar así la vida? Todas las mujeres de esta historia, por ejemplo, han cometido errores con su maternidad, pero es imposible ser feliz si vives con algo o alguien que te robe la identidad, sea marido o hijo”. Izaguirre ve hasta cierta predestinación vital: “Los pecados nos acompañan desde mucho antes de que los cometamos”.
El fascismo de D'Annunzio, con sus 'squadristi' de camisa negra, y el posterior de Mussolini, que destrozan la rica convivencia étnica y cultural de Trieste, son el telón de fondo de la obra

Como si de un manantial subterráneo se tratara, en ésta como en buena parte de la obra anterior de la autora está la tensión del vivir, eje de sus novelas: “Se trata de cómo llegar a cierta suerte de felicidad con ese saco que arrastramos por la vida cargado de un cúmulo de errores o decisiones o complicaciones y ver cómo de dentro de ese mal podemos salir a nado; la felicidad es un pacto con la vida y hay que ver si ese saco lo arrastramos lleno siempre, vamos soltando parte de su contenido como un rastro existencial o si decidimos utilizarlo como almohada y poner la cabeza inconscientemente sobre él”, ilustra como metáfora. Y ahí, como ya hiciera claramente en otro de sus libros, La parte de los ángeles, aparece el perdón. “Conseguir conducir el odio, el rencor o relaciones que parecen irresolubles, ver que podemos llevar hasta cierto punto las riendas de la vida que hemos tomado, hace que te sientas bien al hacer balance de lo vivido”, dice dejando entrever que así ha sido en su caso. “Nos acabamos perdonando siempre”, resume de una vida que tiene en el deseo de amar y ser amado uno de sus particulares cimbreos. “Creemos que el amor es una postal de paisaje idílico cuando es un sentimiento muy complejo, que suele generar un borainterior”.
Trieste y su viento, que puede alcanzar los 100 kilómetros por hora, reaparecen. No es casual. “Es una ciudad portuaria, luego superpuesta de estratos sociales, próxima por lo latino pero ajena a la vez por ese aire centroeuropeo; cala mucho, se te queda en el alma”, asegura, a lo mejor recordando lo que Joyce, accidental conciudadano que llegó para dar clases de inglés y que escribió en 1909 a su esposa Nora: “Mi alma está en Trieste”, como constata una placa en su escultura en la ciudad. Es, pues, una urbe cosmopolita, desde 1719 próspero puerto franco del imperio austriaco y por todo ello, en consecuencia, también como sus personajes sin bordes precisos, de frontera, mezcolanza de eslavos y latinos y religiones (su sinagoga, de 1912, es la segunda más grande de Europa tras la de Budapest) en un equilibrio natural que rompió, tras la anexión de la ciudad a Italia tras la Primera Guerra Mundial, el fascismo de D’Annunzio, con sus squadristi de camisa negra de estética violencia y acordes espeluznantes (“Siamo trenta d’una sorte, e trentuno con la morte. Eia, eia, alalà”), italianizando el territorio (más de 70.000 eslavos romanizarían sus apellidos) y hacinando para su deportación a unas 12.000 personas (eslovenos, croatas, serbios o albaneses…) en el Lazzaretto Vechio, prisión improvisada que antes había servido como hospital para las cuarentenas de los barcos.
“Se trata de cómo llegar a cierta suerte de felicidad con ese saco que arrastramos por la vida cargado de un cúmulo de errores o decisiones o complicaciones y ver cómo de dentro de ese mal podemos salir a nado...

Fue un proceso que Mussolini remataría a partir de 1923. “Es un episodio de limpieza racial que ha pasado más desapercibido de lo que debiera”, dice Izaguirre, que, amén de todo ello, deja buenos rastros de esa situación en Los pasos que nos quedan: la quema de la Narodni Dom, la casa del pueblo esloveno, el 13 de julio de 1920, como hoy recuerda una placa que califica el acto de “intolerancia nacionalista”, y en el queda herido el esposo de Edita; los ambientes irredentistasitalianos que se fraguaban en cafés parecidos al mítico San Marco (de 1914, que aún conserva actualmente sus mesas de mármoles rosados, techos y arcos con medallones y cafeteras de latón, refugio predilecto de Magris). Y quizá indirectamente, en la plaza Oberdan, donde los protagonistas cogen el tranvía que aun hoy funciona, quintaesencia escénica de la Trieste polifónica: edificios de estética imperial austrohúngara conviven con otros del racionalismo italiano, uno de los cuales albergó entre 1943 y 1945 la sede de la Gestapo en la ciudad, con ventanas tapadas en madera apenas dejando un resquicio de luz y que se han mantenido como oprobioso recuerdo…
Vasca asidua de Barcelona pero afincada en Madrid, deja clara la situación de los nacionalismos en la novela, una manera de hacerlo también sobre la vida real de Cataluña y España: “Toda esa parafernalia de banderas, patrias e himnos que nunca significó gran cosa para él”, escribe. “No llevo bandera y ahí estoy para que me hagan agarrar alguna; nada ni nadie es la patria de uno”, ratifica de viva voz.

Prefiere Izaguirre, mientras pasea por el Giardino Pubblico donde hace que se besen por vez primera los personajes o indica el modesto edificio azul celeste donde vive Edita en la silenciosa piazzetta de Santa Lucía frente a la iglesia del mismo nombre, hablar de libros, del uso arriesgado de los diversos planos temporales en los que se desarrolla la acción y de la primera y tercera personas que se alternan narrando en un mismo capítulo. No es un homenaje alUlises de Joyce (“lo leí de demasiado joven, cuando quieres aprenderlo todo en la vida sin comprender nada porque no tienes las herramientas para ello”), autor del que prefiere releer sus relatos deDublineses, con los que disfruta como ahora con las obras de Zadie Smith, o con Stoner, de John Williams, o con Demasiada felicidad, de Alice Munro. Construye un silencio Izaguirre para recapitular: “No soy tan fuerte como parezco”. Y ahí es cuando más se la intuye, como a sus personajes, azotada por los vientos de la vida, ahora a su paso por Trieste.

FUENTE:   EL PAÍS


JUAN ESLAVA GALÁN: Premio Primavera de Novela 2015

Juan Eslava, Premio Primavera de Novela 2015


El autor se impone con su obra 'Misterioso asesinato en casa de Cervantes' sobre el encarcelamiento del autor de 'El Quijote'


                         El escritor jienense Juan Eslava. / TONI GARRIGA (EFE)
La obra Misterioso asesinato en casa de Cervantes, de Juan Eslava Galán, ha conseguido el Premio Primavera de Novela, en su decimonovena edición, por ser "una intriga muy bien construida, escrita con una riqueza del lenguaje extraordinaria y por un autor que conoce a la perfección el mundo de Cervantes".
Este galardón, dotado de 100.000 euros, es uno de los más prestigiosos en lengua española y está convocado por la Editorial Espasa y por el ámbito cultural de El Corte Inglés, con el fin de apoyar la creación literaria y contribuir a la máxima difusión de la novela como forma de expresión artística la época.
Desde su primera edición en 1997, el certamen se ha consolidado como referencia "clave" para las letras hispanas y aumenta cada año en volumen de participantes. En esta edición se ha batido el récord de participación, con 936 obras presentadas procedentes de 33 países. España, que aporta 424 novelas, encabeza la lista de participantes; seguida de Argentina, con 150; México, con 58 manuscritos; Colombia con 48 y Estados Unidos con 47 originales.
El Premio Primavera de Novela ha recaído en años anteriores en autores de muy diferente índole, como Lucía Etxebarria, Rosa Montero, Juan José Millás, Juan Manuel de Prada o Use Lahoz, o Maxim Huerta, entre otros. El jurado, que ha fallado su voto este jueves en un almuerzo, ha estado compuesto por Antonio Soler, Ángel Basanta, Ramón Pernas, Fernando Rodríguez Lafuente, Ana Rosa Semprún y Miryam Galaz como secretaria sin voto.
La novela parte del encarcelamiento de Miguel de Cervantes y de sus hermanas, conocidas como las Cervantas, por su implicación en el asesinato de Gaspar de Ezpeleta, aparecido muerto a las puertas de la casa del autor de El Quijote. Mientras, la duquesa de Arjona, gran admiradora de Cervantes, requiere los servicios detectivescos de la joven Dorotea de Osuna para la defensa de su querido amigo.
Se trata de una obra situada en la España del Siglo de Oro, asolada por las guerras y con sus calles llenas de pícaros, tullidos y busconas. Un panorama en el que se verá cómo la figura femenina se rebela contra el papel secundario que le ha tocado vivir en la sociedad.

Juan Eslava Galán es doctor en Letras, y entre sus últimos trabajos destacan Historia del mundo contada para escépticos (2012); La primera Guerra Mundial contada para escépticos (2014); y La segunda Guerra Mundial contada para escépticos (2015). Es autor también de otras novelas como En busca del unicornio (Premio Planeta 1987), El comedido hidalgo (Premio Ateneo de Sevilla 1991),Señorita (Premio de Novela Fernando Lara 1998), La mula (2003),Rey lobo (2009) y Últimas pasiones del caballero Almafiera (2011).

FUENTE:   EL PAÍS


LEONARDO PADURA: Paseando con Mr Padura

Paseando con Mr Padura

 

El autor cubano crea personajes complejos y frágiles en sus relatos.


Mejores los de los ochenta, los posteriores decaen.


                 Grupos de pioneros con pañuelo al cuello desfilan por La Habana. / ANTONIO GABRIEL

Hay países y condiciones, estigmas y querencias, clases sociales y melancolías que son parte de uno mismo y todo intento de huir deviene inútil. Si se trata de un escritor, su manera de ver el mundo es a través de las palabras. Y éstas son agentes dobles que le sirven tanto al escritor como a su enemigo, el sitio del que vienes. Imposible escapar del barrio, del cariño o la crueldad en tu niñez, del desamparo de Yahvé ante el exterminio, de la derrota, la soberbia o la quimera. Los creyentes han de explicar su fe, los alemanes el nazismo y los cubanos su revolución. El entusiasmo, la decepción, la justicia igualitaria, Javier Sotomayor, la hambruna y Gloria Estefan en Miami. Una y otra vez. Por todo ello, ¿basta con marcharse de la isla para librarse de Cuba? Casi con toda seguridad, no. Y si hubiera alguna posibilidad, ahí estamos el resto del mundo para evitarlo. Enjuiciarlos, pedirles que se rebelen o que resistan. Afearles que se harten y protesten por la escasez de alimentos o cachondearnos de su querencia por los padres revolucionarios o por darle al chándal rango de etiqueta campechana. Uno sabe lo que quiere encontrar en los libros de Mario Conde que Leonardo Padura (La Habana, 1955)sirve en su cantidad justa desde Pasado perfectoen 1991. Ron Habana. Etiqueta blanca. Y perdonen el tópico.
Tusquets reúne todos sus cuentos en este volumen de sugerente título,Aquello estaba deseando ocurrir. Se trata de relatos en el que el más antiguo es de 1987 y el más reciente de 2009. Todos los textos tienen un enfoque y zoom muy similar. Escenas cotidianas, reiteradamente vividas por sus personajes, por lo que a ellos les es indiferente en qué momento el escritor conecte y apague el proyector. Personajes atrapados por un destino que les supera y del que por su inevitabilidad ha acabado siendo olvidado. Personajes que tratan de no naufragar más allá de lo imprescindible entre el desamparo y la soledad, la aceptación de todas las derrotas y la imposibilidad de que las cosas cambien a menos que el azar tenga aquella noche los dados borrachos. El autor de El hombre que amaba los perros y poseedor de Hammett, Chandlers y algunos premios más egregios (Nacional de Literatura, Crítica, Orden de las Letras…) nos habla de Angola y la melancolía, de la imposibilidad de Venecia y de que esa noche caces a alguien como Anselmo, de oportunidades vencidas por el tiempo y por el temor a caer otra vez más, de amar y saber que nunca has sabido hacerlo. Personajes que creen haber atrapado con un anzuelo el pasado solo para comprobar la imposibilidad de dar vida a Lázaro.
Padura es un magnífico creador de personajes verosímiles, complejos, que se levantan del papel, en especial aquellos que más allá de sus contradicciones son de una suma fragilidad. Pese a esto, la pieza no se le desmenuza al autor. Son personajes en escenarios en los que uno ya prevé el final y casi el desarrollo, pero la prosa elástica y elegante de Padura hace que te pongas los patines y le acompañes. Los mejores son aquellos que abarcan la década de los ochenta. Todos te hacen sentir el pellizco de la melancolía al leerlos. Es soberbio ‘El cazador’ (1990), sobre un chapero homosexual, y excelentes ‘Adelaida y el poeta’ (1988), ‘Según pasan los años’ (1985), ‘La pared’ (1989) o ‘Los límites del amor’ (1987). A partir de 1990 parece que Padura pierde espíritu competitivo o gana autocomplacencia porque, aunque es demasiado buen escritor para no hacer decente cualquier historia, a veces los cuentos o son envoltorios o tienen puesto el piloto automático. Envoltorios para el erotismo y un procaz buen polvo entre cubano y cuñada y/o italiana casada (‘Nochebuena con nieve’ (1999) o ‘El destino: Milano-Venezia (vía Verona)’ (1996), o son de paseo para Miss Daisy, con Padura en el asiento de atrás, conducción automática, itinerario irrelevante y baches ni uno. No hay saldos, aunque lo de endosarnos otra historia de jovencito deslumbrado por madura cantante de boleros no sabe uno si se lo acabará de perdonar.
            



FUENTE:   EL PAÍS






SERGIO RAMÍREZ: “El escritor no es otra cosa que un cazador de monstruos”

Sergio Ramírez: “El escritor no es otra cosa que un cazador de monstruos”

El autor nicaragüense gana el Premio Carlos Fuentes, dotado con 250.000 dólares


 
Sergio Ramírez y la viuda del escritor Carlos Fuentes, Silvia Lemus. / EFE

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez ha recibido este lunes en la Ciudad de México el Premio Carlos Fuentes, dotado con 250.000 dólares, “por conjugar una literatura comprometida con una alta calidad literaria”. Pero al subir al atril, el también periodista, ensayista y ex vicepresidente de su país, ha culpado directamente a la astrología: "No podía aspirar a mejor conjunción. Un premio que lleva el nombre de Carlos Fuentes, para el cual propuso mi candidatura la Fundación Internacional de Periodismo Gabriel García Márquez; cuyo primer ganador fue Mario Vargas Llosa y que me lo conceden en el centenario del nacimiento de Julio Cortázar. Se han alineado los astros; fueron ellos quienes me abrieron el camino de la escritura desde la adolescencia y quienes ejercieron en mi generación un magisterio imperecedero".
El premio pone al maestro frente a su discípulo. Así lo ha reconocido Ramírez al recordar cuando bajaba ansioso las escaleras de la librería mexicana El Sótano para encontrarse con sus libros, entre ellos Aura, el primero que leyó de Fuentes: "Creó en mí la desazón del misterio". El autor de Margarita, está linda la mar ha querido valorar laescultura del artista Vicente Rojo —hijo de exiliados españoles y sobrino del conocido militar republicano: el general Rojo—. “Al recibir el galardón no puedo olvidar a los escritores y artistas que fueron acogidos por México, tierra generosa de asilo, cuando se vieron forzados a exiliarse por golpes de Estado, dictaduras y guerras civiles”.

Los escritores han de ser cronistas de lo que acontece. Detrás de cada cuerpo mutilado hay una historia que contar

El escritor Sergio Ramírez
Ramírez, reconocido también por el jurado como un "intelectual libre y crítico, de alta vocación cívica", ha apuntado hacia el papel de los escritores latinoamericanos: “No podemos ser testigos pasivos de la violencia existente en la región, los escritores han de ser cronistas de lo que acontece. Detrás de cada cuerpo mutilado hay una historia que contar”. Y rememorando la descripción del oficio de escritor que, según José Saramago, consistía en levantar piedras, Ramírez añadió: “No es mi culpa si debajo de esas piedras lo que encuentro son monstruos que quedan al descubierto. El escritor no es otra cosa que un cazador de monstruos”.
El acto estuvo presidido por Enrique Peña Nieto, quien quiso felicitar en un momento de su discurso a los mexicanos Alejandro González Iñárritu y a Emmanuel Lubezki por su triunfo la noche anterior en los Oscar. 

El pasado mes de noviembre se conocía fallo del jurado, integrado por el Nobel de literatura peruano Mario Vargas Llosa, los españoles Juan Goytisolo y Soledad Puértolas, y los mexicanos Gonzalo Celorio y Margo Glantz. El monto del premio fue polémico en su primera edición hace dos años por superar al del Premio Cervantes, de 140.000 dólares.

FUENTE:   EL PAÍS


JOAQUÍN MARCO: El poeta en su plenitud.

Joaquín Marco: el poeta en su plenitud


El profesor y crítico, 80 años, ha dedicado su vida a buscar en las letras de Hispanoamérica a los grandes escritores





De izquierda a derecha, los poetas Les Murray, Lesego Rampolokeng, Ana Blandiana, José Mª Álvarez, Joaquín Marco , con paraguas, e Inger Christensan. / JOAN GUERRERO


Aunque en enero de 1963 todavía está en obras la sucursal de Fondo de Cultura Económica (FCE), Javier Pradera ha empezado ya a maquinar a favor de la nueva resistencia intelectual, y se lo cuenta de inmediato al director del FCE en México, Arnaldo Orfila: le propone libros de Ramón Tamames y Manuel Sacristán, para empezar, pero también necesitan algo que escape a la doctrina económica y marxista, por ejemplo, “una literatura hoy prácticamente desconocida en España”, la literatura sudamericana, como la llama, y en particular la novela mexicana. No cuenta con demasiados aliados y casi nadie ha podido leer todavía en España ni Pedro Páramo de Juan Rulfo ni La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes. Pero ambas novelas están en el catálogo de FCE. Los aliados son escasos, sí, pero son buenos y están todos en Seix Barral, junto a José María Castellet, Carlos Barral “y otros compañeros”.
Uno de ellos es Joaquín Marco, entonces con 28 años, y ya lleva encima alguna tralla. A Joaquín le asoma por entonces una primera melancolía porque nada ha sido fácil hasta ese año, cuando ha pasado ya por la cárcel por su militancia comunista pero ha logrado también orearse en Inglaterra, como hicieron algunos otros amigos, y algunos de los mejores. Me acuerdo de Sergio Beser porque estuvo con Joaquín toda su vida, aunque no llegase a los ochenta años que hoy tiene Joaquín y aunque la poesía fuese género a distancia, que es todo lo contrario de lo que le pasa a Marco: por eso Manuel Vázquez Montalbán le enseña los primerísimos poemas que acabarán en Una educación sentimental. En Joaquín Marco sigue franca una risa que se dispara poco, pero se dispara, aunque no llegue ya a su poesía porque en ella casi siempre ha sonreído poco. En el verso ha preferido sondear las galerías de lo incompleto e incumplido, quizá también el desengaño ante las ilusiones turbias de lo fugaz.
Uno de sus retratos de principios de los setenta lo atrapa con los ojos muy abiertos detrás de unas gafas de pasta negra inmensas, y una mezcla delatora de risa y espanto, como si todo lo que ve estuviese a medio camino de la plenitud y de la carencia. Pero a menudo más cerca de la plenitud que de la carencia: él iba a ser uno de los que pondrían en circulación la literatura hispanoamericana en España, aunque a la altura de 1963 nadie supiese nada de ella. Pero el mundo cambiaba, y también cambiaba España, y cambiaba tanto que a Barcelona llegaban desde mediados de los años sesenta, o incluso antes, Mario Vargas Llosa, escritores larguísimos de estatura, ideología y humor como Julio Cortázar —por eso hizo a Joaquín cronopio en una carta memorable—, o achaparrados y listísimos como García Márquez, con dos cosas bajo el brazo: el mazo de folios con una gran novela dentro, Cien años de soledad, que pasaría en seguida a las manos de Marco, y la piel de un bicho exótico que seguiría en las manos del escritor colombiano.
Una y otra vez aquel crítico y profesor escogía las novelas de un puñado de autores que escribían en español fuera de las fronteras españolas y por eso, cuando ya no era joven pero sí batallador, acertó de pleno con el título de un libro que contaba lo que había pasado aquí con la literatura hispanoamericana entre los años sesenta y setenta. La llegada de los bárbaros había condenado en muy poco tiempo al pasado irrecuperable a tres cuartos de la novela española del momento y desarbolaba de golpe las virginales virtudes indígenas. Los bárbaros habían subvertido el orden ético y estético para arrastrar tras ellos a una ingente cantidad de lectores que iban a cambiar para siempre la narrativa española.
Desde las páginas de Destino y desde La Vanguardia, desde la universidad y en la dirección de los libros RTVE Salvat, Marco ya no dejaría de alentar esa nueva literatura mientras dejaba contagiar sus versos de algunas de aquellas voces —las de Nicanor Parra, las de Juan Gelman, las de Nicolás Guillén— y a la vez estimulaba la aparición de una modesta y crucial colección de poesía, Ocnos, que reunió a otros tantos amigos a finales de los sesenta: José Agustín Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán, Lluís Izquierdo, Pere Gimferrer. Ninguno de ellos desatendió la subversión que traían un puñado elástico y creciente de novelistas y poetas latinoamericanos. Alguno de los libros de Ocnos era suyo, pero la poesía se ha ido espaciando y comprimiendo en algunos espléndidos poemas de El muro de Berlín, como una larga Oda a Barcelona, o muy breves, como los de Variaciones sobre un mismo paisaje.
Pero no ha dejado de leer ni de escribir sobre las letras hispanoamericanas en la prensa como crítico peregrino en una ruta que arrancó hace medio siglo y ha disfrutado después de escritores muy queridos como Alfredo Bryce Echenique, Augusto Monterroso o Roberto Bolaño, o críticos que fueron a la vez amigos para toda la vida como Julio Ortega o Laureano Bonet, o poetas que no han dejado la poesía ni la poesía les ha dejado a ellos, como Joan Margarit o Luis García Montero. Muchos están todavía ahí, como está Javier Cercas, porque Joaquín Marco presidió hace veintitantos años el tribunal de su tesis doctoral sobre un enigmático Gonzalo Suárez que resultaba ser el padre de la literatura pop o quizá de la pura posmodernidad en España. Todavía están ahí porque aunque a Joaquín Marco ya no le gusten las gafas inmensas de pasta negra, se le escapa más de lo que reconoce la desatada franqueza de la risa.

Jordi Gracia, ensayista especializado en los intelectuales españoles del siglo XX.

FUENTE:   EL PAÍS


CLARIBEL ALEGRÍA: “La poesía me salvó”

ENTREVISTA | CLARIBEL ALEGRÍA

      “La poesía me salvó”


*Tras la publicación reciente de una antología de su obra en inglés, ahora trabaja en nuevos poemas y en la traducción de Lao Tsé.




                                     Claribel Alegría en su casa de Managua / CARLOS HERRERA


Claribel Alegría (Estelí, Nicaragua; 1924) celebra a sus 91 años una producción literaria que le ha hecho merecedora de reconocimientos como el Premio Neustadt. Recientemente publicó en inglés una antología de su obra y ahora trabaja en nuevos poemas y en la traducción al español de Lao Tsé, junto a su hijo. En esta entrevista se muestra agradecida con la vida y con la poesía que, dice, la salvó tras la muerte de su esposo, el escritor y diplomático estadounidense Darwin J. Flakoll, hace 20 años.
Pregunta. Ernesto Cardenal dijo durante la celebración de su cumpleaños que “es muy desagradable tener esta edad”, llegar a los 90 años...
Respuesta. ¡La carga es difícil! Yo sigo amando la vida. No le temo a la muerte en absoluto. O vamos a ser sólo cenizas que van a ayudarle a las plantas a crecer, o nuestra energía se convertirá en átomos de luz, o va a ser un viaje inesperado, que me guste. Me gusta pensar en eso. Aunque, mira, los achaques de la vejez te molestan. ¡Pero ahora estoy aquí alegre y encantada de la vida! ¡Me fascinan mis plantas, me fascina la gente inteligente, me fascina leer.
P. ¿Qué lee ahora?
R. Una novela maravillosa de Thomas Hardy, Jude the Obscure. Siempre estoy leyendo y releyendo, porque me parece fantástico eso de releer. Yo era una gran viajera, aunque ahora ya no puedo viajar, conocí los cinco continentes y cuando iba a una ciudad por tercera o cuarta vez me fascinaba más que cuando la descubrí. Así me está pasando con los libros. A Thomas Hardy lo conocí cuando era estudiante de la universidad, en Estados Unidos. ¡Los años que han pasado! Y ahora me dio la curiosidad de volver a él y me está gustando muchísimo.
P. ¿Qué le inspira?
R. Cualquier cosa. Es como un misterio. Algunos lo llaman La Musa, pero a veces yo me siento en este jardín sola, a escuchar música, a ver a mis plantas y de repente ¡tas! veo una libélula que está colgada de una hoja y eso me inspira. Y también me pasan cosas raras. El doctor me dijo que tenía que caminar en mi casa por lo menos 15 minutos en la mañana y otros 15 en la tarde para no quedar tullida. Lo hacía cuando se me vino un poema, que se llamó Testamento, en el que digo que dejo a mis hijos una escalera con peldaños rotos, podridos, que algunos están intactos, y que la reparen, que la eleven, que suban por ella. Media hora más tarde me siento en mi computadora y veo un mensaje de mi nieto mayor, que es pintor y vive en Estados Unidos, y me dice: “Lala, porque así me llaman mis nietos, estoy pintando una cosa que no sé por qué se me vino, es una escalera con peldaños rotos, podridos, algunos buenos, y pensé en ti”. ¡Decime si eso no es para erizar el cuerpo! Salió hace como un año en Estados Unidos una antología mía muy completa, como de 400 páginas, y le pedí que para la tapa se usara esa pintura.
P. ¿Trabaja ahora en algún nuevo proyecto poético?
R. ¡Estoy como poseída! Yo siempre escribo poemas cortos. Los poetas somos meros instrumentos de este oficio, y como todos los oficios es una maravilla y hay que hacer lo mejor que uno puede. Siempre he tenido la dicha de haber podido seguir mi oficio, porque creo que eso da felicidad.
P. ¿Qué se podría hacer para alentar a esos jóvenes, para que la poesía nicaragüense siga siendo una producción de vanguardia en América Latina?
R. Aconsejarles que lean, que escriban y que no se apresuren a publicar, porque eso es muy malo. Si tenés éxito se te puede subir a la cabeza y repetirte; si no tenés éxito te podés aflojar y decir ‘esto no sirve de nada’. Que no sea por esas cosas que escriban, sino por la necesidad de expresarse, de comunicarse contigo mismo y con los otros. Para mí la poesía es mi pasión y no sé qué hubiera hecho sin ella cuando murió mi marido. Es la manera más directa de comunicarme conmigo y con los que amo. Yo aspiro a que mi poesía les llegue a todos.
P. ¿La poesía fue su salvación?

R. Una salvación total. Mi marido y yo tuvimos una amistad enorme, y cuando él murió, hace ya 20 años, creí que el mundo se me venía abajo y que ya no iba a escribir. Hice un viaje sola al Asia, donde no conocía a nadie y nadie me conocía, para buscar. Y vino la poesía y la poesía me salvó.


FUENTE:   EL PAÍS


domingo, 22 de febrero de 2015

MAYLIS de KERANGAL

Maylis de Kerangal da literatura a los trasplantes



* La escritora francesa narra en 'Reparar a los vivos' las 24 horas que pasan entre la muerte cerebral de un joven, tras haber sufrido un accidente de tráfico.

* "Utilizo como motivos poéticos las palabras técnicas de la medicina, que representan la parte más vulgar de la lengua", aclara.

* Kerangal escribió el libro "desde fuera", porque "no le gusta la literatura de discursos, la lectura es una creación, al mismo nivel que la escritura".

                                                                 Maylis de Kerangal 

La escritora francesa Maylis de Kerangal describe en tono poético la historia de un trasplante de corazón, de un joven que sufre un accidente a una traductora de 50 años, en su última obra, Reparar a los vivos.
La novela, publicada por Anagrama , narra las 24 horas que pasan entre la muerte cerebral de Simon Limbres tras haber sufrido un accidente de tráfico cuando volvía con unos amigos de disfrutar de una jornada de surf.
La autora ha explicado que decidió "describir de manera cruda y frontal las dos operaciones del libro, la extracción y el trasplante del corazón", si bien la poesía podía ser evocada en un quirófano, "en el que conviven la tecnología humana más puntera con el gesto casi paleolítico de coser".
Kerangal decidió asimismo "utilizar como motivos poéticos las palabras técnicas de la medicina, que representan la parte más vulgar de la lengua".
Reparar a los vivos se resume fácilmente, según su autora: "es una novela de un trasplante de corazón, que migra de un cuerpo de 19 años que tiene un accidente tras una sesión de surf y que llega al cuerpo de una traductora parisina de 50 años".

A pesar de que se describa una gesta técnica, quise que siguiera siendo una novela

Kerangal concibió el libro como una "trayectoria, como si fuera un surfeo" y para ello construyó "una especie de colectivo de personajes, de cadena humana de fraternidad, de solidaridad, una cadena que me fascina y que finalmente es la que permite completar el trasplante".
La idea del libro surgió después de vivir la experiencia de la muerte en su entorno y vivir el duelo, aunque en aquellos casos no se produjo un trasplante, y del "deseo de dar forma a la experiencia de la muerte, experiencia metabolizada a través del lenguaje".
Esta metabolización se puede observar a través de la figura del canto, presente en todo el libro, bien a través de los pájaros o del canto del enfermero coordinador de los trasplantes que dedica a Simón después de extraerle todos los órganos.
Para la escritora francesa, "a pesar de que se describa una gesta técnica, quise que siguiera siendo una novela, que no hubiera una mimesis de la realidad".
La autora escribió el libro "desde fuera", porque su trabajo es la descripción: "Se pueden decir cosas, en este caso entrando en la cabeza de la madre de Simón, por ejemplo, pero no me gusta la literatura de discursos, porque para mí la lectura es una creación, al mismo nivel que la escritura".

Significado del apellido Limbres

Para escribir sobre un tema del que lo desconocía todo, Maylis de Kerangal penetró en el "universo fascinante de los trasplantes" y se entrevistó con un enfermero coordinador de trasplante de tejidos y órganos, además de asistir al trasplante de un órgano.
Kerangal también ve poesía en esos trasplantes, "evocados como los antiguos rituales funerarios".
Iniciar la novela con la sesión de surf no es casual, sino deliberado, "importante en el imaginario de la novela -dice-, porque de ese modo el lector ve al personaje central, Simón, en su plenitud física, en su juventud, en un momento en que se incorpora al mundo de los adultos, y luego tras el accidente persiste un Simón como una especie de héroe griego sobre una ola, una imagen que persiste en todas las páginas de la novela".
La escritora juega además con el apellido del fallecido, Limbres, que "en francés combina la sonoridad de las palabras 'sombra' y 'limbo', el espacio en el que en la Edad Media se situaba las almas de los jóvenes muertos que no habían sido bautizados".
La novela fue la gran revelación francesa en el primer semestre de 2014 al obtener siete prestigiosos premios: Premio France Culture-Télérama, Gran Premio RTL-Lire, Baileys Women's Prize for Fiction (anteriormente Orange), Premio literario Charles Brisset, Premio Relay des Voyageurs, Premio Paris Diderot-Esprits libres y Premio de los Lectores L'Express-BFMTV.

FUENTE:    20MINUTOS



GUSTAVO MARTÍN GARZO | ESCRITOR

GUSTAVO MARTÍN GARZO | ESCRITOR
“La literatura tiene que dar voz a los muertos”
El escritor publica ‘Donde no estás’, novela de fantasmas ambientada en la Castilla rural

El escritor Gustavo Martín Garzo, en el parque Campo Grande, de Valladolid. / BERNARDO PÉREZ

Hay quien dice que de una boda sale otra. Así también, hay novelas que surgen de anteriores. Eso ha ocurrido con el escritor Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948). EnLa carta cerrada (2009), narró cómo una madre abandona a su marido y a su hijo, al que deja un sobre con la explicación de su marcha. El pequeño, por miedo a saber, no lo abre y cuando su madre, más adelante, se arrepiente y vuelve, el niño le devuelve la carta intacta. "Me quedó entonces la insatisfacción de que el lector no pudiera leer esa carta", dice el autor, que ha querido sosegar esa sensación con Donde no estás (Destino), una novela en la que una joven lee el cuaderno que le dejó su madre poco antes de morir y en el que le confiesa sus secretos y los de la familia.
Todo eso ocurre en la segunda parte del libro. En la primera, esa joven, Ana, ha vuelto a la casa del pueblo, años sesenta, tras la muerte de su madre. Allí se reencuentra con la poderosa figura de su abuela, la rica de la comarca, convertida en una mujer senil; y con una casa llena de misterios que todos quieren ocultar. El fantasma de una muchacha que se le aparece por las noches, junto al cuaderno dejado por su madre, le ayudarán a conocer tanto misterio. "Es un relato de fantasmas", explica Martín Garzo sentado en el filo del butacón rojo de su casa vallisoletana. "He querido hablar de lo desconocidos que nos son los seres cercanos, incluso los que amamos, porque todos callamos cosas que representan lo más íntimo de nosotros", añade el premio Nacional de Narrativa en 1994 por El lenguaje de las fuentes.
"El título de la novela se refiere a lo que ocurre con los seres que se nos han muerto. A medida que pasa el tiempo, uno se despide de muchas personas y cuando alguien se va es como si se abriera un agujero, pero ese agujero es un espacio vivo. La pregunta es qué pasa donde estuvo esa persona que ahora no está", apunta.
¿Qué sentido tiene hoy un relato de fantasmas, de muertos que regresan para hacer revelaciones? "Es más importante que nunca, porque nuestra cultura ha perdido la memoria, pensamos que el mundo tal como lo conocemos ha crecido por generación espontánea y que no ha habido generaciones previas que lo han construido. En esta sociedad a los muertos no los queremos ver. Nos apartamos de ellos". Para el novelista, una de las funciones de la literatura es "dar voz a los que no la tienen, dar voz a los muertos. Es posible que ellos no tengan nada que decirnos, pero los vivos los necesitamos".
Martín Garzo, colaborador de EL PAÍS desde hace 20 años, donde ha escrito de cine —su gran pasión— libros, política, fútbol, de Renoir, de Venecia… ha creado una historia protagonizada por mujeres. "El mundo de la intimidad y de los afectos está marcado por lo femenino, sobre todo en aquella época, porque cuidaban a los hijos, a los ancianos… eran las guardianas de los secretos". Esa mención a las mujeres de la España rural de vida miserable lleva al autor a la siguiente reflexión, fruto quizá de su pasado como psicólogo: "Creo en la androginia. En todo hombre hay una muchacha dormida que quiere despertar. Y en cada mujer hay un hombre. Algunos hombres tienen amordazada a esa mujer, pero a veces aparece. Yo lo hago en la literatura”.

Aunque en toda su obra Martín Garzo ha abundado en la imaginación, "para ahondar en lo real y descubrir lo oculto", Donde no estás muestra también hechos reales, la Guerra Civil. "Es que lo da el lugar donde está ambientada”, Villalba de los Alcores, en la comarca de Tierra de campos. "Hubo en esa zona una represión feroz, e injustificada, porque en seguida se impuso el bando fascista. Los rebeldes eliminaron con frialdad espeluznante a los que se habían significado por sus ideas republicanas o socialistas. Grupos de falangistas dirigidos por el Ejército, y eso está demostrado, pasaban por los pueblos para exterminarlos". Lo sucedido en la guerra "es otro secreto en una novela de secretos". "Incluso hoy hay quien considera un atentado a la normalidad que haya ancianos que quieran recuperar los restos de sus familiares para enterrarles dignamente. Es un disparate, una prueba de que aquella fractura no se ha superado".

FUENTE:   EL PAÍS

EDUARDO FARÍA COUTINHO: Unidad literaria.

“Ya es hora de que nos acerquemos más desde la literatura”: Coutinho

 
                        Eduardo Faría Coutinho

Coutinho es doctor en literatura comparada de la universidad de Berkeley en Eua. Una disciplina que sirve como espejo, en esa idea de establecer relaciones entre unas obras y otras. Toda la literatura se conecta y a eso ha dedicado su vida el investigador Coutinho, analizando a Cortázar y a autores hispanoamericanos. Reconoce el valor de João Guimarães Rosa, el escritor brasilero. Además vino a Pereira a ofrecer un seminario en el Doctorado de Literatura en la Universidad Tecnológica de Pereira, sobre Literatura comparada. Reconocernos desde lo cultural implica sabernos en conjunto, la literatura nos enriquece por llamar la atención de otros hombres, dice Coutinho. Conversamos sobre varias temáticas.

Maestro para comenzar quisiera preguntarle algo que puede ser determinante para esta conversación, usted ha escrito diferentes libros alrededor de la literatura comparada. En nuestro escenario educativo, en nuestra tradición la disciplina de la literatura comparada no tiene mucha fuerza, quisiera empezar preguntándole por qué dedicarle parte de su vida, sus esfuerzos, su motivación, a la literatura comparada.

- Bueno, en primer lugar porque me gusta mucho la disciplina, es una disciplina que existe desde el siglo XIX en universidades europeas, y que ha llegado también a Latinoamérica a principios del siglo XX y hay varias universidades que tienen esa disciplina. Y la literatura comparada surgió en contraposición a los estudios de las literaturas nacionales, así que es un estudio bastante rico porque la focaliza a más de una literatura nacional, o a literaturas en idiomas distintos.

Digamos que en esa preceptiva cualquier literatura podría encontrar sus raíces o sus puntos de encuentros, o lo que podemos llamar también, sus espejos…
- Sí, es verdad.

En ese caso usted ha dedicado mucho tiempo a la literatura brasileña pero también a la literatura hispanoamericana, ¿Cuáles son los espejos de la literatura hispanoamericana?
- Bueno, yo creo que es una literatura muy rica la hispanoamericana, como también lo es la brasileña, yo he focalizado mucho, con mucha frecuencia esas dos literaturas, la brasileña que es la mía y la hispanoamericana de diversos países. Por ejemplo  yo hice mi maestría y doctorado en Estados Unidos, el doctorado fue en California e hice mi tesis sobre autores brasileños e hispanoamericana, por ejemplo he estudiado a Cortázar en el caso de la literatura hispanoamericana, a Gabriel García Márquez, a Vargas Llosa que son autores que me gustan mucho.

Quisiera intentar que usted me profundice en lo siguiente, ¿para qué sirve la literatura comparada?
- Sería el estudio de las relaciones literarias internacionales, es un campo que permite exportar a los diversos autores de literaturas distintas y hacer cruces incluso en términos culturales. Es un campo muy amplio lo cultural, uno puede hacer investigaciones entre diversos aspectos de la cultura y de la literatura también; por ejemplo: literatura y música, literatura y artes plásticas, literatura y cine, y también esa producción en distintos contextos.

Por ejemplo usted dice que estudió a García Márquez, y a Gabo uno podría compararlo con Faulkner, es como una especie de relación que él tiene. ¿Cuáles otras relaciones existen en la obra de Gabriel García Márquez?
- Yo soy un gran admirador de la obra de García Márquez, y creo que la relación con Faulkner es verdadera, Faulkner ha hecho todo un universo cultural en el sur de Estados Unidos, y García Márquez ha hecho lo mismo en su “Macondo”, es un microcosmos de toda América latina, y Cien años de soledad es un libro extraordinario.

Además la literatura comparada, de encontrar relaciones de la literatura con diversas disciplinas, ¿también es un método investigativo?
- Es un método investigativo, por ejemplo vine a Colombia a ofrecer un seminario sobre teorías y métodos de la literatura comparada, ¿qué significan las diversas maneras de abordaje del fenómeno literario?, por ejemplo cómo trabajar la literatura, y también cómo enseñar sobre textos literarios y sobre las relaciones entre culturas. Es una disciplina que aborda los diferentes aspectos de la cultura de diferentes países.

Y qué inquietudes le han generado los estudiantes del doctorado, hacia dónde están enfocando sus posibles estudios, como qué quieren investigar.
- Son personas interesadas exactamente en la literatura, en cultura de manera general incluido arte, cine, y que quieren profundizar sus conocimientos en esas áreas. Muy interesadas en el estudio, porque todo estudio de literatura presupone un interés muy grande en lo que se hace, porque es algo que no es muy bien remunerado. Pero existe un ideal y esos estudiantes lo tienen.

Hay una película muy reciente mexicana que se llama “El libro de la vida” a propósito de eso, ¿cuál es el libro de su vida?
- Es muy difícil,  son muchos, tal vez Grande Sertão: Veredas de João Guimarães Rosa que es un libro extraordinario de la literatura brasileña. Del siglo XX.

¿Y por qué escogería ese libro?
- Porque es un libro muy rico en todos sus aspectos, sobre todo en el hecho de que cuestiona a todos los aspectos de la vida del individuo. Busca exactamente explotar todas las posibilidades que el hombre tiene en su contexto especial.

Brasil es un país muy aparte de Latinoamérica por su idioma y por otras cosas, en ese sentido la literatura también es muy diversa, nosotros los colombianos que no hablamos portugués y que no hemos podido acceder a todos los matices de la literatura qué nos podría contar acerca  de esa literatura brasileña que desconocemos.

- Es una literatura muy rica en términos de producción, desde el siglo XIX hay figuras y autores que se han destacado, algunos de manera internacional, pero lo que me parece importante es que se busque romper con esa barrera que todavía existe entre Brasil y otros países latinoamericanos. Ese es uno de mis objetivos al estudiar la literatura comparada, por eso yo focalizo con frecuencia la literatura brasileña y la hispanoamericana porque me parece fundamental que nos conozcamos. Y sería muy importante aprovechar eso y explorar más esas relaciones.

Parte de esas relaciones que tenemos mutuas es que hoy en día hablemos del “portuñol”, una especie de mezcla entre el portugués y el español, y parte de estos dos idiomas tienen las mismas raíces afines y aunque no tengamos el mismo idioma, casi que nos podemos entender. En ese sentido la literatura también ¿cree usted que nos une como continente?

- Por supuesto, hay muchas cosas en común, por ejemplo la novela hispanoamericana del siglo XX, presenta muchas cosas en común, la creación de universos especiales, varios aspectos, porque nuestra cultura es muy similar, hemos sido colonizados por pueblos ibéricos, y sin embargo desde aquella época del periodo colonial nos quedamos alejados, ya es tiempo de establecer aproximaciones en todos los sentidos. De ahí por ejemplo las tentativas políticas que están surgiendo ahora con el Mercosur, y con otros mercados para acercar a nuestros pueblos y eso da una proyección a nosotros en el panorama internacional. En Europa y en EE.UU esta unión me parece fundamental y es una cosa curiosa porque yo fui a descubrir eso precisamente cuando viví en Estados Unidos. Exactamente porque allá tuve varios amigos hispanoamericanos y en esa época yo era estudiante y no tenía plata y para ir a Brasil era muy distante, entonces yo tenía muchos amigos mexicanos y entonces iba a México y allá me sentía como en casa, era más cercana para mí la cultura mexicana que la de Estados Unidos.

Borges decía que la literatura tiene derecho a una tradición, y que nuestra tradición era Europa, ¿Seguimos teniendo esa tradición?
- Sí claro, la seguimos teniendo y más recientemente también tenemos una influencia norteamericana muy grande, pero lo importante es que importar esos aspectos de la cultura europea y norteamericana es muy adecuado, pero hay que importarlo críticamente. Hay que hacer una especie de filtro crítico en este proceso de importación y aprovechar lo que nos interese en nuestra cultura  y para nuestra cultura y desarrollar esos aspectos desde nuestro punto de vista.

Mario Benedetti decía que nuestra literatura ya es mayor de edad, hablando de esa tradición con Borges, ¿usted cree que tenemos una mayoría de edad, además para importar y exportar nuestras formas de literatura?

- Tenemos una amplia posibilidad de exportar nuestra literatura, que es una literatura muy rica en muchos aspectos, forma una tradición ya bastante sólida, así que la evidencia de eso es que por ejemplo en Europa y Estados Unidos se estudia a la literatura latinoamericana en general, y cuando hablo latinoamericana estoy incluyendo a Brasil.
*Docente universitario y Periodista. John.giraldo.herrera@gmail.com
¿Qué significa para usted la literatura?
- Es mi vida, yo he construido toda mi vida profesional alrededor de la literatura. Soy profesor de literatura desde que tenía 20 años. Así que me he dedicado a eso siempre con gran entusiasmo, y hago mucha crítica literaria pero siempre me gusta enseñar cursos sobre literatura, partiendo de los autores literarios, tanto poetas como novelistas. Es una de las grandes riquezas del hombre, el hecho de poder narrar algo que pueda atraer el interés de los otros hombres.



FUENTE:  El Diario del Otún
                           Colombia